camino primitivo

Es el primer itinerario a Santiago, aquel que inauguró el rey de Asturias y Galicia, Alfonso II el Casto. En efecto, en torno al año 830 acudió con su corte, desde Oviedo y siguiendo una antigua calzada entre montañas, al lugar en el que había aparecido el sepulcro de Santiago el Mayor.

En Galicia era conocido como Camino de Oviedo, pero para hacer hincapié en su antigüedad, al ser recuperado en los años 90 fue rebautizado con un calificativo inédito y poco apropiado: CAMINO PRIMITIVO.

Con una distancia de 308 km, la mitad en Asturias y la mitad en Galicia, el Camino Primitivo tiene sentido pleno en sí mismo, pues une los dos mayores centros de culto de reliquias existentes en el Medievo en el Norte de España.

Es cierto que con el traslado de la capital del reino a León, el desarrollo del Camino Francés y la posterior implementación de las rutas costeras, esta vía fue abandonada por la mayoría de peregrinos, a quienes no complacía aventurarse por unas montañas poco pobladas, boscosas y habitadas por osos y lobos.

Dijo Delibes que los hombres se hacen, pero las montañas están hechas ya. Ante ellas te sentirás insignificante, pero a través de ellas te curtirás y crecerás.

En el presente mantiene su carácter, pues sin duda es el itinerario jacobeo que mejor responde a la demanda de quien busca la naturaleza y los paisajes rurales, así como los caminos tradicionales por el bosque, más en Asturias que en Galicia, donde en aras de la accesibilidad han sido convertidos en homogéneas pistas forestales.

La Unesco lo declaró Patrimonio Mundial, junto con otros itinerarios del Norte, en 2015.

Pese a no ser un camino fácil ni apto para cualquier persona, pues desde Oviedo a Castroverde hay que superar nada menos que siete puertos de montaña encadenados, el más largo el del Palo tras Pola de Allande, en 2019 ocupaba el sexto lugar entre los caminos más populares, prácticamente igualado con el Camino Inglés, con un 4,5% del total de peregrinos. Por su parte, de Oviedo parten cada año el 2,7% de los peregrinos.

En el plano monumental cabe subrayar la presencia de dos ciudades muy relevantes: Oviedo, capital del antiguo reino con su catedral y casco antiguo, y Lugo, también con su catedral y una muralla romana que es Patrimonio Mundial. Otra villa con un patrimonio relevante es Salas.

Pero dice el refrán que al bosque no vaya quien de las hojas miedo haya, y bueno será recordar que este Camino está colmado de montañas y bosques, no aptos para los espíritus flacos.

Los servicios de acogida se han ido multiplicando, pero aún resultan insuficientes, en temporada alta, en algunos pueblos de Asturias, no así en Galicia.

La génesis y realidad del Camino Primitivo convierte en un sinsentido cualquier pretensión de convertirlo, como ha hecho el ayuntamiento de Lugo en 2020, en una excursión de 100 km desde la ciudad. Esta ruta pierde todo su valor, sin Oviedo y las montañas de Asturias y Galicia, si queda reducida a un corto paseo por la Terra Chá, con un rápido enlace en Melide con el Camino Francés.

Para hacer el Camino Primitivo desde Oviedo será preciso contar entre 12 y 14 días, pero es aconsejable añadir tres más para conocer Oviedo, Lugo y Santiago. Hablamos, por lo tanto, de un itinerario de media distancia al que destinar medio mes.

 

¿CÓMO LLEGAR A FONSAGRADA?

-Comenzar el Camino Primitivo en A Fonsagrada (lo hacen unos 800 peregrinos al año) carece por completo de sentido, y además no te será nada fácil acceder a esta villa, la más alta de Galicia (a 1.012 m). No olvides traer de casa la credencial. ¿?

-En transporte público, además del taxi, la única posibilidad es el autobús desde Lugo. Desde 1936 cubre la línea la empresa Her-Vei. Cuatro servicios diarios de lu-ve, y dos los fines de semana, duración entre 1 h 15 min y 1 h 30 min, 9 €.

tramos

TRAMO A FONSAGRADA-LUGO (54,25 km)

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Si bien los más duros pasos ya han quedado atrás, las suaves estribaciones de la Cordillera Cantábrica aún nos deparan un paisaje de montaña por un territorio que forma parte de la Reserva de la Biosfera Eo-Oscos-Terra do Burón, reconocida en 2007.

Tras los pasos de Don Alfonso el Casto emprenderás un Camino que nos remite a los orígenes. Hazlo tras visitar la Cámara Santa ovetense.

El límite entre Asturias y Galicia se encuentra en el Alto do Acebo, a 1.030 m de altura. Praderas, bosquetes caducifolios residuales y pinares de repoblación se reparten el espacio, con paso por Fonfría y Paradanova antes de A Fonsagrada.

Antes de entrar en A Fonsagrada, en Paradanova parte al norte la variante de la Pobra do Burón, antigua capital del concello. Poco utilizada por carecer de servicios, pese a avanzar por una cota más baja y con más bosque, está indicada para los más alternativos. Son poco más de 11 km hasta Hospital de Montouto, donde se reúne con la principal.

La entrada a A Fonsagrada es un galimatías por la proliferación de flechas amarillas y carteles guiándonos a diferentes albergues. Para no liarse, salvo que se vaya a un lugar concreto, lo mejor es seguir las marcas oficiales.

El Camino va a ir cruzando la carretera LU 530 hasta que se separa de ella para ascender a Montouto, en la Serra do Hospital, con un seductor pero empinado descenso hasta Paradavella.

Un nuevo ascenso se prolonga hasta el alto de Fontaneira (930 m), con bajada por el Campo da Matanza, topónimo que evoca una batalla entre Alfonso II y los sarracenos, hasta O Cádavo, que suele ser fin de etapa.

Superado el último obstáculo, la Serra da Vacariza (836 m), a partir de Pradela hay dos variantes, más corta la de Vilalle, para llegar a Castroverde, dominado por su torre medieval.

Camino de Lugo abundan los castaños y robles, y también los antiguos caminos que avanzan encajados en el terreno o entre muretes de piedra.

Buena vía esta de pote, caldo, botelo, cocido, pulpo y, al llegar a Lugo, mil sabores en sus bares y tabernas, meca para tapear de balde.

En Vilar de Cas, a la derecha parte el que fue camino histórico, ahora variante de Soutomerille. Es 1 km más larga, pero tiene la virtud de hacernos conocer su iglesia prerrománica, con cuatro ventanitas de herradura.

La ocupación del camino real por un particular, sin que se haya hecho nada por evitarlo, nos obliga a circular 1,3 km por una larga recta de la LU 530, operación realmente peligrosa en días con escasa visibilidad.

En la llegada a la comarca de A Terra Chá tenemos una cita con Lugo, la ciudad con más testimonios de la Gallaecia romana. Tan monumental cerca, que traspasamos por la Puerta de San Pedro, nunca fue de gran provecho salvo para apaciguar el miedo.

 

La verdadera muralla está en ti. (Antoine de Saint-Exupéry, Citadelle)

 

Nuestras sugerencias

-En A Fonsagrada has de beber en la fuente que le dio nombre, situada a la entrada del Camino. Cumplido el rito ya eres libre para cambiar de registro y tomarte una ración de pulpo con vino. Si tienes tiempo entra a su Museo Etnográfico, digno complemento del que habrás podido ver en Grandas de Salime.

-Recuerda, ante las ruinas del Hospital de Montouto, que aquí fueron acogidos los peregrinos que te precedieron desde 1357. La fundación, en lo alto de la sierra, cumplía el mismo papel que las de Santa Cristina de Somport, Roncesvalles u O Cebreiro. Mantener la ruta señalizada cuando nevaba y orientar a los caminantes con su campana. ¡Tiempos aquellos sin móviles ni GPS!

-Aunque algo más larga, para bajar a Castroverde te recomendamos que elijas la variante de Vilabade: pasa primero junto a la capilla del Carmen y su Carballeira, ideal para el reposo, y poco después entre el palacio del arzobispo diego Osorio, que fue virrey de México, y la iglesia monumental iglesia de Santa María (siglos XV-XVII), con su pórtico neoclásico protector, conocida como la catedral de Castroverde. 

-Tras la cantera de Gondar vas a cruzar un soto de castaños centenarios, alguno de los cuales, de perfil antropomorfo, parece que pueda cobrar vida en cualquier momento. Con niebla te sentirás protagonista de las figuraciones legendarias de J.R.R. Tolkien, o de películas como Un monstruo viene a verme o El laberinto del fauno.

¿QUÉ HACER EN LUGO?

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Citas peregrinas

-La Oficina Municipal de Turismo, buen lugar para sellar y saber todo lo que puede dar de sí la ciudad, es a la vez el Centro de Interpretación del Camino Primitivo. Dos pájaros de un tiro.

-En la catedral, que tiene el secular privilegio de la exposición permanente del Santísimo, hay misas a las 9, 10,15, 11, 12, 13 y 20 h, los domingos y festivos también a las 19 h.

Lo imprescindible

La Catedral  es un edificio de los siglos XII al XIV, pero a la que le añadieron una fachada neoclásica en el siglo XVIII. La Puerta Norte presenta un extraño capitel pinjante en el que se representa la Santa Cena, en el que algunos han querido ver la figura de la Magdalena. En el interior (precio peregrinos 3 €, por un suplemento se puede subir a las torres, y acceder al claustro y museo) sobresale la capilla barroca de Nosa Señora dos Ollos Grandes, imagen gótica que además de sus grandes ojos tiene bocio. El museo diocesano y catedralicio ocupa el triforio.

La Muralla. Basta decir que estamos ante el recinto de época romana, levantado entre los siglos III y IV, mejor conservado de lo que fue aquel Imperio, Patrimonio Mundial en 2000. Nada menos que 2.100 m de perímetro, 72 torres (la única que conserva el remate de ventanas es la da Mosqueira, cerca de la puerta de San Pedro) y 10 puertas, algunas tan antiguas como la Porta Miña, la de San Pedro o la de Santiago, que son las nuestras. Date un paseo, aunque no cierres el círculo, por su paseo de ronda; el tramo más atractivo se prolonga entre la catedral y la puerta del Obispo Odoario.

Y para comer Lugo… Viejo eslogan de la ciudad que le hace justicia, pues no hay más que ver el gran número de mesones y restaurantes que aparecen por doquier. Sus emblemas gastronómicos son el pulpo y el cerdo.

Nuestras sugerencias

Anímate a explorar el subsuelo. Cada vez que se remueve el terreno aparecen las huellas del asentamiento romano. Te aconsejamos visitar al menos dos lugares: la Casa de los Mosaicos, en la Rúa Dr. Castro 20-22, en la que una proyección sobre las ruinas reconstruye su estado originario, y en la plaza de la fachada mayor de la catedral la Domus del Mitreo, con vestigios del santuario mitraico y de una villa con pinturas.

-Recorre el barrio de A Tinería, con acceso desde un lateral de la catedral, hasta hace unos años marginal y degradado, que ha ganado varios premios por su meritoria rehabilitación.

-Visita el variado Museo Provincial, instalado en el que fue convento, de San Francisco, alrededor de su claustro gótico. Además del fondo arqueológico romano tiene salas dedicadas al arte sacro, pintura y escultura gallega y española de los siglos XIX y XX, numismática y medallas, cerámica, relojes, abanicos, etc. Aburrirse es imposible.

-Si te pasas por la Plaza de Abastos y el Mercado Municipal Quiroga Ballesteros, dos sedes, podrás hacer tu compra y vivir el pálpito comercial de la ciudad. De 8-14,30 y 17-20 h, sábado sólo mañana, cierra domingo.

-En Galicia se dice que Lugo es la mejor ciudad para salir de tapas, una costumbre que se convierte casi en una religión. En la mayoría de bares te pondrán una o dos tapas gratis para acompañar la bebida. Si bien la Rúa Nova, con el entorno de la Praza do Campo, es la zona clásica, por todas partes podrás ejercer. Pregunta a los nativos para que te asesoren.

-Si ya te agobias intramuros, y echas de menos el verde, puedes entrenarte al pie de la ciudad por el Paseo del río Rato, de 6 km ida y vuelta, con varios molinos, un taller de cestería y un centro de interpretación de la naturaleza.

TRAMO LUGO-MELIDE (46,4 km)

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Tras los pasos de la vía romana XIX, que de Lucus conducía a Iria Flavia y Braga, superado el Miño por el puente que ocupa el mismo lugar del antiguo, el asfalto reina en la gran meseta lucense de la Terra Chá.

Pequeños núcleos de la Galicia del interior que se vacía, con sus iglesias parroquiales hoy sin rectores que las puedan atender, conducen nuestros pasos por un espacio de transición.

 

Porque paso a paso, día a día la vida te regala su dulce monotonía. Paso a paso, día a día la vida te regala su dulce pasar. (María José Hernández, El Mar del Deseo).

 

Rompe la monotonía un camino que, por el bosque, pasa junto a la iglesia de Bacurín para regresar de nuevo a la estrada, directa hasta San Romao da Retorta. Aquí hay otro templo con partes románicas y un neo-miliario. A 1 km de la aldea se cruza un robledal donde abren sus puertas dos albergues.

Una pista forestal con perfil de montaña rusa se superpone sobre la vieja calzada y los eucaliptos hacen acto de presencia anunciando el tránsito al occidente. Por Burgo de Negral alcanzamos el lugar de Ponteferreira, con un modesto puente romano de un arco y varios servicios para el peregrino.

Puede sonar a broma, pero un pequeño ser que vive en los bosques y campos donde hay ganado, la garrapata, puede transmitir a los humanos el mal de Lyme, que es cosa seria. En esta ruta, más que en cualquier otra, conviene que protejas tus piernas con un pantalón largo, y tu cabeza con un sombrero. Nunca se sabe
dónde acecha…

Se sucede la misma tónica precedente, con más caminos de tierra, a medida que nos aproximamos a límite de la provincia lucense. De camino quedan As Seixas, con dos albergues, y Hospital das Seixas.

Ascendemos a la Sierra do Careón, con cumbre a 798 m y el consabido parque eólico, entre arbolado autóctono. Con la provincia de A Coruña concluye, en el ámbito constructivo, el mundo de la pizarra, dando paso al del del granito y la teja. 

Un largo y suave descenso nos lleva, a través de Vilamor, hasta el valle del río Furelos, que también atraviesa el Camino Francés. Justo después se localiza Compostela, no la ciudad, algunos ya lo desearían, sino una aldea con el mismo nombre.

En Melide se acabó lo que se daba, habrá que adaptarse a los ritmos y usos de la “autopista jacobea” que une Sarria con Santiago: el CAMINO FRANCÉS.

 

Nuestras sugerencias

-No hay grandes monumentos entre Lugo y Melide, por lo que la iglesia de San Miguel de Bacurín gana enteros solicitando tu atención. Del siglo XII, representa los parámetros del románico rural, con su ábside semicircular e interesantes canecillos que representan cabezas de animales y escenas eróticas alusivas a los vicios y, seguramente también y camuflada, una invitación al carpe diem tamizada por la ironía.

-Has de saber que la carballeira de San Romao da Retorta es uno de los mejores lugares para detenerse a comer en buena sombra.

-Enclavado en una pequeña y aislada aldea, el albergue púbico de As Seixas ocupa un edificio rural bien rehabilitado. Dormir aquí es una buena idea (llévate la comida), pero si no lo contemplas al menos detente a conocerlo. Su hospitalera, Marifé, es una institución del Camino Primitivo.

-Cambia el chip cuando desemboques en el Camino Francés, y si es temporada alta procura reservar plaza o podrás acabar caminando más de lo debido o durmiendo, no está mal si hace calor y no llueve, bajo las estrellas.

TRAMO MELIDE-SANTIAGO DE COMPOSTELA (53,5 km)

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No bien hemos partido de Melide, transitamos al lado de la iglesia románica de Santa María (siglo XII), de una nave con su ábside semicircular. Dentro conserva el altar medieval, y unas pinturas murales de principios del siglo XVI que representan la Trinidad y el Tetramorfos.

Nueva bifurcación tras la iglesia: de frente el camino que pasa por la pontella del regato Catasol, una de las fotos más buscadas del Camino Francés; a la izquierda la variante de Penas, ligeramente más larga y también más sosa.

Superado el arroyo Catasol se asciende a Raído, para descender de nuevo a Boente al lado de su fuente e iglesia de Santiago. Un pronunciado tobogán nos lleva hasta el río de Boente, y la montaña rusa continúa, haciéndonos sudar tinta, hacia Castañeda. Un extenso eucaliptal separa este valle del siguiente, todos ellos transversales al Camino.

¿Cansados de tantas variantes? Una más tras cruzar el río Boente: al frente el camino por Castañeda, ahora calificado de “Complementario”, con más asfalto; a la izquierda el de Pedrido, con subida algo más acusada. Cada uno con su bar, distancia parecida, no nos pronunciamos.

A la vera del río Iso se reitera el binomio puente-hospital. La posterior subida a Arzúa es dura. El pueblo, moderno y estirado sobre la N 547, posee una animada alameda, y la capilla gótica de la Madalena (siglo XIV). A Arzúa llega la principal variante del CAMINO NORTE.

Proseguimos por un terreno quebrado, ahora para cruzar el arroyo das Barrosas, con posterior subida por un terreno en el que conviven las repoblaciones de eucaliptos con los pastizales asociados a las granjas de vacuno, aunque junto al Camino suele haber robles.

Los topónimos asociados a la vía van marcando la ruta: Tabernavella, Calzada, Calle, A Brea, A Rúa. En Salceda podrás ver un sencillo monumento, memorial del peregrino Guillermo Watt, aquí fallecido en 1993; no es el único, ya que en el Camino Francés son varios los instalados en los últimos años, estableciendo un contraste con el anonimato de los que perecieron en el pasado.

Desde O Empalme, encrucijada con bares-restaurantes, se baja a Santa Irene, donde la fuente y capilla suelen ser ignoradas por los peregrinos. Fin de etapa habitual para dar el salto definitivo a Santiago, O Pedrouzo, capital del concello de O Pino, es otro núcleo moderno, repleto de albergues y pensiones, agrupado en torno a la nacional.

Me quedo mi señor con la meta y sus alegres tabernas, auténtico bálsamo de Fierabrás que me ha hecho olvidar todas las cuestas, privaciones, dolores y noches en malas posadas.

Los últimos pasos nos llevan a Amenal, donde comienza la subida hasta la Cima Barreira, espacio en el que estaba proyectado un segundo polígono empresarial, como en Melide (¡no aprendemos a proteger el Camino!). Justo después la ruta fue comida por el aeropuerto de Lavacolla, que es preciso rodear, pasando bajo la carretera que le sirve de acceso.

En Lavacolla los peregrinos del ayer se lavaban en su modesto arroyo antes de llegar a Compostela. La última cuesta se prolonga hasta Vilamaior, y por un nuevo eucaliptal continuamos hasta San Marcos, con su capilla, y el Monte do Gozo. Por fin podremos contemplar las torres de la catedral y la meta.

De la entrada en Santiago más vale no hablar, aunque se está mejorando el recorrido con vistas al año santo de 2021. En cierto modo ya nos dará un poco igual, porque lo importante es llegar. Obviamos describir el tramo comprendido entre el barrio de San Lázaro y la encantadora Rúa de San Pedro, desde la que accedemos al casco antiguo por la Porta do Camiño. Casas Reais, la Praza de Cervantes y Acibechería nos dejan ante la catedral. Hemos llegado a Santiago de Compostela.

Todo lo bueno se acaba, y en este caso lo breve no será dos veces bueno, sino hasta cierto punto frustrante cuando ya estábamos pillándole el punto al Camino. Puede que la meta sacie a algunos, objetivo cumplido y a otra cosa mariposa, pero a los más inquietos sólo les parecerá un principio, probablemente un hasta pronto.

 

Hemos olvidado que nuestra única meta es vivir y que vivir lo hacemos cada día y que en todas las horas de la jornada alcanzamos nuestra verdadera meta si vivimos. (Jean Giono)

 

Nuestras sugerencias

-Respira hondo y desea que nunca termine el paso del arroyo Catasol, vergel de alisos, robles y abedules. Cruzamos su rústica pontella, que no alcanza la categoría de puente, en un escenario que podría ser la morada de las ninfas.

-Entra a la iglesia de Santiago de Boente, con su popular y simpática imagen de Santiago Peregrino (siglo XIX). Te quedarás con él para siempre, porque a cada peregrino nos regalan una estampita.

-Te instales en él o no, detente en el albergue público de Ribadiso, inmediato al puente medieval de un arco. La recuperación de los viejos edificios, que acogieron un hospital de peregrinos desde el siglo XIII, ha sido un pleno acierto por parte de la Xunta. El río hace las veces de una piscina natural.

-En Arzúa hay un producto de obligada cata: el queso de vaca que lleva su nombre. Amparado por la denominación de origen Arzúa-Ulloa, de pasta blanda y con forma cilíndrica y aplastada, es, junto con el de tetilla, el más conocido de Galicia. Os recomendamos el de granja, a poder ser elaborado con leche cruda. ¡Buen provecho!

-Resulta chocante que a día de hoy no se sepa a ciencia cierta donde estaba exactamente el Monte do Gozo. Denominado en gallego Monxoi, evolución del francés Montjoie, en el pasado fue receptor de muchas emociones, y también de locas carreras por saber quién era el primero en ver las torres de la catedral, proclamado por sus compañeros “rey de la comitiva”. Si te conformas con el mamotreto escultórico en recuerdo de la visita de Juan Pablo II (1989), al borde del Camino, allá tú, pero desde la colina vecina, decorada con las figuras de un par de peregrinos extasiados, la vivencia es mucho más gratificante.