durante el camino

Pasito a pasito, suave suavecito

Nos vamos pegando, poquito a poquito…

(Luis Fonsi)

Como en la canción de Luis Fonsi, el Camino y tú os iréis acoplando poco a poco, y la propia ruta te ira dando sus lecciones, de forma que acabarás formando parte de ella; entonces ya serás, inevitablemente, un peregrino.

LAS FASES DEL PEREGRINO

Suele ser habitual que tanto física como mentalmente el peregrino se vaya haciendo fuerte a medida que avanza, y lo que en un principio asusta, como largas distancias o montañas, con el tiempo se convierten en retos perfectamente asumibles. Los peores días, es vox populi, son los primeros, pero no tanto el estreno, donde la euforia suele acompañarnos, sino el segundo o tercero. Aquí es cuando aparecen las primeras ampollas y dolores musculares, y será bueno gestionar la aventura para no acabar hundido, porque la fuerza de voluntad, y el amor propio, pueden ser grandes aliados, pero también inconscientes consejeros. Al mirar atrás, como decía Machado, no solo verás huellas que no volverás a pisar del mismo modo, sino también lo mucho que has aprendido en poco tiempo.

SEÑALIZACIÓN

En general el Camino de Santiago está bien señalizado, mejor cuanto más cerca de la meta, especialmente en Galicia. Las flechas amarillas, que reponen los Amigos del Camino, conviven con mojones de piedra o cemento, placas cerámicas, postes indicadores de madera o metal, conchas y placas en el suelo, cruces de Santiago, logos del Consejo de Europa y otros muchos elementos al gusto del patrocinador.

TIPO DE FIRME

Aunque esta cuestión varía mucho según los caminos y los tramos, has de estar preparado para calcular que las sendas, andaderos, caminos y pistas agrarias o forestales pueden suponer el 50%, y las vías asfaltadas, en su mayoría locales, pero también alguna carretera con más tráfico, el restante 50%.

LA CREDENCIAL Y SU USO

Es el documento más apreciado por los peregrinos, y el que nos identifica como tales, permitiéndonos acceder a determinados albergues y obtener la Compostela. Heredera de los antiguos salvoconductos y cartas de presentación, fue creada por las asociaciones de Amigos del Camino en los años 80, unificada en 1987 y reconocida por la catedral de Santiago, que más tarde creó la suya propia.

En la actualidad, tras un intento fallido de la catedral de Santiago por monopolizar su impresión, conviven la de la catedral, mayoritaria, y la de las asociaciones federadas, aunque algunos itinerarios también tienen la suya propia, y lo mismo cabe decir de las asociaciones extranjeras, todas ellas válidas para alojarse en los albergues de peregrinos, y si han sido previamente homologadas por la catedral compostelana también para obtener la Compostela.

Además de los datos personales, que deben coincidir con los del DNI o Pasaporte, hay varias páginas para colocar los sellos de paso, siendo suficiente que pongamos uno al día salvo en los 100 últimos kilómetros, donde se exigen dos al día para poder recibir la Compostela si vamos a pie.

Podemos conseguir la credencial a través de las asociaciones de amigos del Camino, muchas de las cuales solo la expiden de forma presencial para poder informar al futuro peregrino, y también en los principales puntos de partida de los diferentes itinerarios, tanto en locales de la Iglesia como de asociaciones o entidades públicas. Hoy en día se dan todas las facilidades para que nadie se quede si su credencial.

BENDICIÓN DEL PEREGRINO

Es una tradición que se ha recuperado en algunos lugares habituales de partida (información en la guía). Se trata de un acto emocionante, seas creyente o no, que recupera fórmulas practicadas en la Edad Media. A menudo suele tener lugar al final de una misa.

ALIMENTACIÓN

La alimentación es esencial para compensar la intensidad del gasto energético realizados. Cada uno es conocedor de sus necesidades, pero es bueno recordar que en el Camino se suele comer diferente, tanto en horarios como en el tipo de alimentos que, en la vida cotidiana, adaptación que a algunos les cuesta un gran trabajo.

En primer lugar, el desayuno es un momento importante del día, pues necesitamos de un aporte energético para evitar calambres y desfallecimientos. Lo ideal es que esté compuesto por lácteos, cereales o tostadas (buena idea con aceite y/o tomate) y glucosa, presente en zumos y fruta, también en mermeladas, miel, chocolate, etc.

Para la marcha, pues cada dos horas conviene ingerir algo, además del agua o las bebidas con sales minerales indicadas para el deporte, es bueno comer más fruta fresca, frutos secos, galletas, barritas energéticas o similar.

A mediodía, y en el Camino el mediodía es exactamente eso, o sea, cuando el sol alcanza el cénit (12 h), no es recomendable comer fuerte, y menos aún un menú del día, porque la digestión será más pesada y se nos quitarán las ganas de continuar. Bastará con un plato ligero (ensalada, pasta), alguna tapa consistente (la tortilla de patata es un clásico en España) o un bocadillo que podemos adquirir o, mejor aún, confeccionar nosotros mismos en una tienda o supermercado.

Después de llegar al alojamiento, un tentempié, tapa o merienda ligera como la indicada cada dos horas, acompañada por alguna bebida caliente o una cerveza, puede ser perfecta.

En cuanto a la cena, conviene realizarla antes de los horarios habituales de España y Portugal, y aquí si que es posible o bien cocinar algo consistente en el albergue (ponerse de acuerdo entre varios peregrinos es la mejor idea), apuntarse a la cena comunitaria o acudir a un mesón o restaurante, donde los platos o menús del día, que con un precio cerrado incluyen dos platos, postre, bebida y a veces también café, están muchas veces indicados para los peregrinos. Sin embargo, y dado que el “menú del peregrino” o “del día” (en España oscila entre los 9 y 14 € de media, en Portugal, llamados diarias, entre los 6 y 8 €) no siempre es de calidad, infórmate bien antes para encontrar un menú variado, equilibrado y, a poder ser, de cocina casera y elaborado con productos de proximidad. Esto sería el sumun, y nosotros te ayudamos a conseguirlo.

Suele también ser frecuente que, en albergues rurales, sin tiendas o servicios próximos, algún restaurante lleve la comida preparada previo encargo, e incluso que transporten a los peregrinos que quieran desplazarse a comer.

En cuanto a la compra, no te olvides de programarla teniendo en cuenta los servicios de cada etapa y horarios de apertura (atención a los festivos), pero no te recomendamos que sobrecargues la mochila, sino que vayas comprando lo que vas a consumir cada día, procurando tener siempre una reserva de fruta y cereales, algún aporte energético (frutos secos, chocolate, galleta), y tal vez una o dos latas por si acaso. Cargar grandes cantidades de agua, cuando en la mayoría de los caminos hay fuentes, tiendas y bares, es una penitencia desaconsejable.

Si cocinas en un albergue es posible que encuentres algunos elementos básicos como sal, azúcar, especias, aceite, vinagre, harina, etc., y también lo que hayan dejado otros peregrinos, sobre todo pasta, arroz, legumbres, para no cargar. Si lo usas piensa en los que vendrán mañana después de ti, y procura reponerlo o hacer lo propio en otra ocasión.

ALOJAMIENTO

Las opciones para pernoctar en el Camino son múltiples, pero muchos peregrinos, prescindiendo de su capacidad de gasto, elijen los albergues porque en ellos se vive con más plenitud la experiencia. Los albergues pueden ser de muchos tipos, desde los más modestos a los que ofrecen servicios propios de un hotel (habitaciones privadas, sauna, piscina, etc), y los precios suelen estar en consonancia con sus prestaciones.

En los caminos que aún no son tan populares, o entre los que pasan por comunidades implicadas en su promoción (sobre todo en Galicia), abundan los albergues públicos, en muchos casos con precios subvencionados y bajos, o incluso de donativo y gestionados por asociaciones y/u hospitaleros voluntarios. También hay algunos albergues parroquiales o cedidos a asociaciones jacobeas para que los gestionen. En ellos se suele dispensar una acogida fraternal, pues quienes los atienden suelen haber sido peregrinos, y conocen mejor que nadie nuestras necesidades. Uno de los momentos más entrañables de la estancia es el de la cena comunitaria, que algunos albergues organizan, a veces implicando a los presentes en la preparación, servicio y limpieza.

Si reservas el albergue con antelación, o si lo eliges entre varias opciones al llegar al pueblo, conviene que leas las opiniones que han dejado otros peregrinos en internet (aunque no siempre responden a la realidad por las interferencias de partes interesadas), y sobre todo que examines los servicios que ofrece, el número de camas por dormitorio, si tiene dormitorios solo femeninos, si dispone de habitaciones privadas, de taquillas con llave, de cocina con utensilios para cocinar, de lavadora y secadora, si admite mascotas y en qué condiciones, etc. Si estás en una ciudad y quieres dar un paseo hasta la tarde-noche, también debes de conocer la hora de cierre, o si cuenta con algún sistema de acceso con llave, tarjeta electrónica o código. Por último, entre quienes no gustan de llevar mucho dinero encima, conviene saber si aceptan el pago con tarjeta bancaria.

Como norma, en los albergues públicos de España y Portugal no se admiten las reservas, por lo que los peregrinos son acogidos por orden de llegada, lo que ha dado lugar, en temporadas vacacionales, a la formación de colas desde horas tempranas, uno de los mayores despropósitos del Camino. Es algo que se podría resolver en parte liberando parte de las plazas para peregrinos de largo recorrido, o para los que hayan caminado una mínima cantidad diaria, pero los responsables suelen estar más interesados en la cantidad que en la calidad para presumir de resultados.

En los albergues privados, ligeramente más caros (entre los 10 y 15 € de media, de precio más elevado los hostel urbanos), por supuesto que se pueden hacer reservas, aunque a veces piden el número de tarjeta para confirmarlas, y las mantienen hasta una determinada hora, por lo que si nos retrasamos habrá que volver a llamar.

Para que la convivencia sea posible, en los albergues es necesario respetar las normas, sobre todo las referidas al uso de instalaciones como la cocina, y del silencio debido a partir de cierta hora. Asimismo, hemos de dejarlo todo como lo hemos encontrado, fregando la vajilla utilizada y procurando no ensuciar más de lo debido. Conviene recordar que un albergue no es un hotel.

Entre las restantes modalidades de alojamiento, sean pensiones u hostales (alojamientos locales y residenciales en Portugal), casas y hoteles rurales o de agroturismo (también turismo de habitação en Portugal), hospederías, hoteles y, en los últimos años, también apartamentos y pisos turísticos, interesantes para familias o pequeños grupos, el uso se regula por las diferentes normativas turísticas existentes en cada comunidad autónoma (España), y los precios varían en función de la oferta y la demanda, aunque cada vez hay más negocios orientados específicamente a los peregrinos, y con precios especiales para nosotros.

SACAR DINERO

En primer lugar, deberás informarte de la existencia de bancos y cajeros para poder sacar dinero en el Camino, porque no conviene que traigas mucho contigo, te lo podrían robar. Y también las condiciones de tu tarjeta para operar en el extranjero, pues es posible que puedas sacar gratis un determinado número de veces o a partir de ciertas cantidades en función de tu tarjeta, aunque es habitual que te cobren un 3% de comisión y/o por cambio de divisa a euros, que además suele ser desfavorable.

Cambiar en aeropuertos al llegar es siempre desfavorable por el cambio, que es mejor en oficinas de cambio de las zonas céntricas de las ciudades.

En España ya conocemos el galimatías de los cajeros, la existencia de tres redes (4B, Servired y Euro 6000) y las abusivas prácticas bancarias aplicando comisiones por no usar los cajeros de sus oficinas, o la red a la que pertence. En Portugal es más cómodo, pues los cajeros son únicos de la red Multibanco, con todos los servicios integrados y sin cobro de comisiones; lo mismo ocurre en Francia.

Para evitar el atraco los peregrinos prefieren pagar con las tarjetas, pero esto no es posible en todos los lugares. Una buena solución sobre la marcha son las tarjetas prepago recargables, como la de Mastercard que propone Correos a un precio de 6 €.

LOS PERCANCES MÁS COMUNES

Como los pies son los primeros sufridores, y los urbanitas ya no estamos habituados a caminar largas distancias, las ampollas van a ser uno de los primeros castigos. Aproximadamente un 50% de los peregrinos las han tenido en algún momento, y si bien puede influir en ello el tipo de calzado y calcetines que se usen, la causa suele ser genética, relacionada con el sudor y el tipo de piel. Habrá que evitar al máximo los roces y la mala transpiración, y para ello es necesario secar bien los pies, no andar mojándolos en verano por pilones y ríos para refrescarlos, y si las cosas están muy mal recurrir a las sandalias de trekking en tramos lisos. Untarse por la mañana con vaselina también puede ayudar, y aliviar los pies al llegar en agua fría con sal, o dando un masaje con alcohol de romero, también. Una vez que han aparecido hay varias soluciones para secarlas: desde los apósitos que venden en las farmacias, que no a todo el mundo le van bien, como pinchándolas con una aguja e hilo esterilizados, dejando el último en el interior para que drene. Una vez seca se habrá de aplicar un desinfectante, sin recortar la piel.

La segunda problemática más común tiene que ver con el peso que cargamos a la espalda, en ocasiones manifiestamente elevado. Se suele fijar la regla de no sobrepasar en la carga más del 10% de nuestro peso, aunque son recetas sin fundamento que no tienen en cuenta la condición física, que es lo que importa. El peso y los dolores de espalda pueden dar lugar a malas posturas, y estas a una tendinitis o inflamación muscular. Si ya la tienes, el médico te dirá, por sistema, que te detengas al menos dos o tres días para relajar el músculo. También te puede recetar algún calmante o una venda elástica para los casos levs. Si no remite, forzar la máquina puede resultar fatal; lo mejor es que dejes el Camino y regreses en otra ocasión por mucho que te duela.

Un tercer elemento de peligro es el sol, fuente de vida pero también, tantas horas sometidos a su radiación, de diversos problemas presentes y futuros. Evitar las horas centrales del día, llevar protección solar adecuada y protegerse la cabeza con un sombrero es preceptivo para evitar la insolación y quemaduras, a lo que se puede sumar un pañuelo para el cuello. Todo, desde luego, en función del tipo de piel de cada uno. Y para los labios barras de cacao, al igual que para la sequedad provocada por el frío.

Asociado a lo anterior puede surgir la deshidratación, porque no se bebe lo necesario. En jornadas calurosas tenemos que ingerir de 3 a 4 litros al día, a poder ser agua ni recalentada ni excesivamente fría. Si estamos deshidratados lo notaremos en la orina, espesa, oscura y con un olor intenso. Los mareos, y hasta un desmayo, pueden ser la consecuencia avanzada de este proceso tan fácil de atajar. En ciertas etapas con pocos servicios y fuentes conviene ser muy precavidos y llevar suficiente agua.

Otros problemas comunes pueden ser las torceduras o esguinces, a las que aplicar paños fríos o vendas elásticas, y si no se solucionan acudir al centro médico. Los resfriados por oscilaciones térmicas y mojaduras, que deben de ser atajados a tiempo. Y otros procesos relacionados con el agotamiento físico, a veces con procesos febriles, casi siempre asociados a los excesos, o sea, a forzar la máquina, o por falta de azúcar, que puede dar lugar a mareos y taquicardias. Por fin, están los problemas asociados con la alimentación y las intolerancia y alergias, cada vez más frecuentes.

La bichería del Camino es un nuevo calvario para los peregrinos. Famosos se han hecho los chinches, contra los que se libra una cruzada anual en todos los caminos. Nosotros siempre aconsejamos supervisar el colchón y somier del lugar en el que vas a dormir, pues constituye su escondrijo perfecto, y mantener los ojos abiertos en alojamientos que no destaquen por su limpieza, o instalados en antiguos edificios con mucha madera. Una vez que nos hayan atacado, sus picaduras se distinguen de las de los mosquitos o ácaros por ser múltiples y seguir líneas regulares, no se te ocurra ocultarlo como si estuvieses apestado, le puede pasar a cualquiera, y habla con los responsables del alojamiento para que tomen medidas, en primer lugar, y laven tu ropa o bien a más de 60º o añadiendo un tapón de amoníaco perfumado, y desinfecten tu mochila. Hay quien también lleva en la mochila un aerosol específico para ellos, y en muchos albergues no se permite llevar a los dormitorios las mochilas, solo el saco de dormir, la ropa para mudarse y los objetos de aseo. A los chinches también les gusta peregrinar, pero no a pie, sino en nuestras mochilas, así que al ojo.

Ya hemos citado los ácaros, difíciles de detectar, aunque la mayoría de albergues ya cuentan con colchones que los repelen, y hay que citar también por su peligro, y contrastada presencia en zonas rurales con animales y bosques, de las garrapatas. Este arácnido espera su oportunidad para engancharse a nuestra piel (cuidado con los pantalones cortos y la cabeza y cuello en zonas de riesgo), y al picarnos nos anestesia, por lo que muchas veces ni nos enteraremos. Conviene hacer una revisión al llegar al alojamiento, ya que la garrapata necesita estar en contacto con el cuerpo al menos 24 h para infectarnos. Su peligro radica en ser transmisor de la bacteria que provoca la enfermedad de Lyme, que puede provocar graves problemas de salud. En el caso de descubrir uno, es necesario adquirir en la farmacia una pinza especial para extraerlo, aunque también se puede hacer con unas pinzas de depilar, girándolo como un tornillo en sentido contrario a las agujas del reloj y tirando hacia arriba, aplicando luego un desinfectante. Si sus ganchos se quedan prendidos en la piel nos puede provocar una infección, que se manifiesta tiempo después en la aparición de una aureola roja grande. Los perros sin collares antiparásitos pueden ser portadores de garrapatas, y lo mismo cabe decir de otros animales.

Los accidentes de tráfico, minoritarios, suelen tener lugar o bien en puntos negros del Camino, debidamente indicados en las guías (no te lo tomes a broma), y también por la absurda costumbre, alentada por prescriptores irresponsables, de caminar antes de que amanezca para pillar cama antes que nadie y evitar las horas de más calor. No está de más que lleves algún reflectante para colocar en la mochila, y en días con mala visibilidad o niebla extrema la precaución en cruces de carreteras o cuando el itinerario coincida con ellas. Aquí también es preciso recordar la culpa de las administraciones, que en muchos casos señalizan el Camino por tramos peligrosos, actitud que, en nuestra opinión, y en la de cualquier abogado con oficio, los convierte en responsables subsidiarios de lo que pueda suceder.

Teléfonos para nuestra seguridad:


SOS Europeo (emergencias de cualquier tipo las 24 h): 112.

Teléfono de urgencias y emergencias sanitarias en España: 061.

Guardia Civil (pueblos y zona rural): 062.

Policía Nacional (entorno urbano): 091.

Policía Municipal: 092.

El Camino es un espacio muy seguro por lo que respecta a la delincuencia, y los principales problemas tienen que ver con hurtos, sobre todo realizados por descuideros, que en ocasiones se hacen pasar por peregrinos. Lo que llevemos de valor (documentación, tarjetas bancarias, dinero, móvil) debe de estar siempre próximo, en riñoneras o bolsos independientes de la mochila, y lo mismo en los albergues al acudir a las duchas o mientras cocinamos. Hay diferentes sistemas para ocultar el dinero en cinturones o bolsitas pegadas al cuerpo bajo la ropa. En cuanto a la mochila, tampoco es conveniente dejarla en terrazas o en puntos de descanso al lado de una carretera, pues ya ha habido casos en que pasa algún vehículo y se la lleva. Los robos con violencia son extraordinarios, pero conviene ser prudentes al transitar por el extrarradio de grandes ciudades con barrios conflictivos, y hacerlo en compañía de otros peregrinos. Por último, ha habido algunos casos de tentativas de agresiones sexuales, que en la mayoría de los casos se pueden resolver huyendo, pidiendo ayuda o defendiéndose con el bastón o una navaja. No se recomienda, al menos en España por considerarse un arma, el uso de aerosoles defensivos.

LA COMPOSTELA

Es el certificado de llegada que concede la catedral de Santiago a quienes, supuestamente, han peregrinado a Santiago devotionis causa (por devoción, un voto o una promesa). En el presente su evolución ha sido rápida, convirtiéndose en un recuerdo, cuyo valor es el que estrictamente le conceda cada uno, al que acceden todos aquellos que afirmen haber hecho el Camino por motivos “religiosos o espirituales, o al menos con actitud de búsqueda”; al resto se les entrega un documento de otro tipo.

Otra exigencia, que ha favorecido la masificación en las últimas etapas, es el requisito de hacer los 100 últimos km a pie o a caballo, y los 200 últimos km en bicicleta, para obtenerla. Dicha norma, aprobada cuando apenas había peregrinos como un estímulo promocional, ha generado no pocas tensiones entre los situados antes y después de la cifra mágica, y que las agencias de viaje incluyan el documento como un atractivo más de sus paquetes turísticos de corto recorrido.

Para intentar evitar las trampas, desde hace unos años se exige que al menos se pongan dos sellos por cada etapa en la credencial (solo en los últimos 100 km), pero las empresas que llevan a los grupos organizados se las saben todas, y tienen agentes que les sellan los lotes de turistas que van en autobús y tan solo realizan algún paseo por el Camino.

La Compostela se entrega sin coste alguno, pero existe la opción de entregar un donativo. Los niños que no hayan comulgado no pueden acceder a este documento.

Para quienes vienen de lejos y quieran hacerlo constar, desde 2014 existe también un certificado de distancia (3 €), en el que figuran los kilómetros realizados y el punto de partida. Otra variedad es el documento in memoriam, tanto para los que han fallecido haciendo el Camino.

En torno a la expedición de la Compostela, único cómputo para tener una idea aproximada de los peregrinos que hacen cada año el Camino, el debate está abierto sobre la conveniencia o no de mantener los actuales requisitos (algunos ha propuesto elevar la distancia a pie a 300 km, la establecida en el origen del Camino desde Oviedo y León, otros suprimir toda distancia), y entre tanto se mantiene la ficción, cuando el turismo ha irrumpido en el Camino, de unos peregrinos que han “visitado devotamente y con sentido cristiano este sacratísimo templo”.

A los anteriores también se ha sumado, en 2018, un certificado para los perros, conocido como Compostela perruna o canina (3 €), pero ésta ya no la entrega la catedral, sino la Asociación APACA en su oficina (Rúa das Fontiñas, 27).

DECÁLOGO PARA DISFRUTAR DE LA RUTA

1. Planificar en exceso resta emoción a la experiencia. Escucha al Camino y déjate llevar por él, en función de tu estado físico o de ánimo, pero también de los lugares con encanto o los encuentros con otros peregrinos. Olvídate del reloj.

2. Aprende a valorar la austeridad, y pronto comprobarás las muchas cosas innecesarias que has puesto en la mochila. Si eres feliz con menos, ¿para que te esfuerzas a diario por tener más y más?

3. Descubre de nuevo un país que creías conocer, o uno desconocido, a cámara lenta y con los sentidos mucho más abiertos, lo que te permitirá captar docenas de detalles que de otro modo pasarían desapercibidos. La intuición también se reactivará frente al pensamiento racional.

4. Valora tanto la soledad, necesaria para encontrarte contigo mismo y pensar, como la compañía, imprescindible para sentirte miembro de la nación peregrina.

5. Ayuda a tus compañeros y se solidario con ellos, y no solo por egoísmo para que hagan lo mismo contigo, sino por pura satisfacción. La solidaridad y la empatía son dos de los grandes valores del Camino.

6. Aprende a agradecer lo que te ofrece el Camino, un día más, otro menos, pero siempre algo nuevo. Un refrán se reitera a lo largo de la ruta: El turista exige, el peregrino agradece.

7. El cansancio, los contratiempos o los percances, que también llegarán de uno u otro modo, serán las verdaderas pruebas que te harán crecer. El Camino te enseñará a superar los retos, y a sacar lecciones positivas de la adversidad.

8. Participa del rico simbolismo del itinerario, de sus lugares especiales, de las personas que asesoran y guían a los peregrinos, de los rituales seculares, de todo ello obtendrás grandes lecciones de vida.

9. No te obsesiones en exceso con resolver en el Camino un problema, o encontrar un mensaje, una persona, lo que sea. Si buscas algo con ahínco, y te obsesionas con ello, es muy posible que no lo encuentres, pero si te dejas llevar podrás descubrir alternativas inesperadas, y recoger más de lo que habrías podido imaginar.

10. Sumérgete a fondo en esta experiencia igualitaria, hasta cierto punto utópica, que en muchos aspectos va contracorriente de la sociedad, pero permanece siempre con los pies en la tierra. Tu senda ha de ser pisada, volando no se hace Camino.

Y cuando el peregrinaje acabe, procura haber llenado tu alforja de vivencias, consejos, sabiduría que puedas aplicar en tu vida cotidiana. Si el Camino ha entrado en ti, no lo dejes ya nunca salir.