antes del camino

ELEGIR LA ÉPOCA DEL AÑO

Elegir en el caso de que se pueda, porque el sistema en el que vivimos no suele pensar en tu felicidad, tan solo en la del propio engranaje productivo. Es así como los habitantes del hemisferio sur, o los coreanos, en muchos casos se ven forzados a hacer el Camino en invierno. No siempre es algo terrible, pero la posibilidad de que el frío, la nieve o los temporales nos causen problemas es desde luego mayor, y además tendrás que cargar más ropa de abrigo, los días son muy cortos, la ropa seca mal y la mayoría de los albergues estarán cerrados.

En el otro extremo se sitúa el verano, periodo vacacional por excelencia, y por norma caluroso, lo que propicia que se abarroten algunos caminos, sobre todo de estudiantes y funcionarios, circunstancia que altera ese ambiente de paz y tranquilidad que muchos buscan. El síndrome de las colas puede perseguirte entonces para conseguir plaza en un albergue público, comer un menú del día o, ya no digamos en Santiago, para acceder a la catedral.

¿Qué nos queda entonces? Pues las estaciones intermedias, sin duda las más recomendables en todos los sentidos, tanto desde el punto de vista del paisaje como de la menor demanda, aunque mayo y septiembre ya se han convertido en meses de temporada alta.

La época del año también debe ponerse en relación con el clima que te vas a encontrar en los diferentes caminos, pues en la Península Ibérica se dan fuertes contrastes entre el Norte, más lluvioso; la Meseta Central, de clima más continental, con días muy fríos y secos en invierno, y calurosos en verano; y la zona meridional, donde las temperaturas pueden ser muy elevadas entre junio y octubre. Por otra parte, las previsiones están fallando mucho últimamente dados los efectos, cada vez más contrastados, del cambio climático. Con esto queremos decir que hagas lo que hagas vas a jugar a la lotería, y nada está garantizado al 100%.

ELEGIR EL ITINERARIO

Aquí si que hay mucha variedad, tanta que es para volverse loco.

Para comenzar, te diríamos que no planifiques un Camino de Santiago sin Santiago, ya que esto solo tiene sentido si parcelas un itinerario en varios tramos por falta de tiempo. La moda de decir que se va a hacer el Camino de Santiago, y se camina una semana por cualquier ruta alejada de Galicia, y ahí se acabó todo, es uno de los absurdos del presente. En Francia son miles las personas que caminan únicamente en su país, hasta el Pirineo, provistos de credenciales y conchas de vieira en sus mochilas. Cuando les preguntas si van a ir a Santiago dicen que no, que tal vez algún día. ¿Son peregrinos? Pues no, solo senderistas disfrazados de peregrinos.

A nosotros no nos gusta actuar como si estuviésemos en un mercado y el cliente fuese libre para escoger lo que más le guste, porque entre los caminos hoy en día señalizados hay muchos que nunca fueron itinerarios mayores de peregrinos, solo veredas antiguas por las que pudo pasar alguno en algún momento, variantes, enlaces o meras hipótesis sin base científica.

Siempre aconsejamos que en la primera ocasión se haga el Camino Francés, la ruta santiaguista por antonomasia, la mejor documentada, mejor dotada de servicios y con más ambiente jacobeo en todos los sentidos. Una ruta, además, en que las fases de aprendizaje están bien marcadas en su permanente marcha hacia occidente.

Otros itinerarios históricos mayores de largo recorrido son el Camino Norte, con los diferentes enlaces con el Francés (del Túnel de San Adrián, del Salvador, etc), la Vía de la Plata o el Camino Portugués Central, todos ellos con sus variantes. Convergen en el Francés varias rutas bien documentadas como los caminos Catalán y del Ebro, y también el Camino de Madrid, que no tuvo tanta relevancia histórica, o el del Baztán, asimismo menor. Del Mediterráneo, hacia la Vía de la Plata, proceden otros caminos como los del Levante, la Lana o los Mozárabes, con partida en las diferentes capitales andaluzas, y otros enlaces menores, pero ni han sido ni son rutas multitudinarias. En la media distancia están el Camino Primitivo, sin duda el más antiguo y montañoso, o el Camino de Invierno, con inicio en Ponferrada. Y en la corta distancia el Camino Inglés, hoy mutilado sin la parte correspondiente de la navegación, pues era el utilizado por los peregrinos llegados por mar desde diferentes países del Norte y Centro de Europa.

PLANIFICAR LA DURACIÓN DE LA EXPERIENCIA

En función del tiempo disponible habrá que elegir el punto de inicio haciendo un cálculo de la distancia media que piensas recorrer en cada etapa (en la horquilla de 20 a 30 km). Esto quiere decir que si dispones de una semana, y ello descontando los viajes de ida y vuelta hasta el punto de partida, que a veces se alargan más de lo debido, tendrás que plantearte un camino de entre 120 y 180 km, dejando un día de garantía o para Santiago; si tienes medio mes, ya podrás recorrer entre 300 y 400 km, un itinerario de medio recorrido; y si eres tan afortunado de contar con un mes o algo más, serás capaz de completar los itinerarios de largo recorrido, entre los 600 y los 900 km, o sea, el Camino Portugués desde Lisboa, los caminos Francés o del Norte desde la frontera con Francia, y con unos días más la Vía de la Plata desde Sevilla.

Si quieres continuar, como es tradición secular, a Fisterra y/o Muxía, tienes que calcular cuatro días más.

En resumen, que si deseas hacer un camino “entero” (este calificativo, evidentemente, alude a una convención reciente), para una semana puedes elegir el Camino Inglés, y para medio mes los caminos Primitivo o de Invierno. Otra opción pasa por segmentar los largos y comenzarlos “a tiro de piedra”: desde O Cebreiro una semana para el Francés, desde Sahagún o León dos semanas, y así sucesivamente haciendo cálculos.

Nuestro consejo: cuanto más tiempo dediques al Camino mejor, porque al final vas a desear que no acabe y se te hará corto.

¿A PIE O EN BICICLETA?

Esta pregunta es fácil de responder: sin duda a pie. No es una opinión personal o caprichosa, sino un consenso fruto de la práctica. Muy lejos quedan ya los días en que los bicigrinos suponían más del 25% del total. En 2019 la cifra ha descendido tanto en números absolutos como en porcentaje, quedando reducida a un 5,6%, por lo que se aproxima a la irrelevancia.

Cualquiera que se lance al Camino en bici descubrirá que la experiencia se vive de una forma muy diferente. Se va demasiado rápido, la vertiente deportiva es mayor, no se coincide con otros compañeros a diario, la pretensión inicial de seguir en todo momento la misma ruta de los caminantes se suele torcer, en los albergues públicos tienen preferencia los que llegan a pie, y el peligro es mayor por la velocidad y el tráfico. Además, dada la difícil convivencia de ambas modalidades en muchos tramos, cada vez se crean más rutas solo para ciclistas, e incluso está previsto que algunos tramos sean cerrados definitivamente para los de dos ruedas, sobre todo en Galicia, donde se está marcando un disuasorio Eurovelo.

No en vano nuestra web se llama ANDANTES, porque estamos persuadidos, tras haber probado ambas modalidades varias veces, que la verdadera peregrinación hay que hacerla a pie. Eso sí, en bicicleta tendrás mucho más tiempo para hacer turismo y desplazarte por los alrededores.

¿SOLO O ACOMPAÑADO?

He aquí el dilema que muchos se hacen, sobre todo los primerizos. Una vez que conoces el Camino la pregunta ya sobra. Lo decimos porque en la temporada que va de mayo a principios de noviembre, e incluso fuera de estas fechas en los itinerarios más concurridos, siempre hay gente en la ruta, y resulta sumamente fácil acoplarse con otros compañeros de marcha, en parejas o pequeños grupos, aunque siempre se respeta al que quiera caminar en soledad parte o la totalidad del día. Por lo tanto, pensar a priori que para sentirte más seguro, o simplemente acompañado, es necesario buscar a alguien que comparta tu pasión por el Camino antes de la partida, no tiene por que ser una buena idea, porque después, incluso entre familiares o amigos, a lo largo de una convivencia tan intensa pueden surgir problemas.

Se comenta, medio en broma, que para las parejas con intención de formalizar su relación, yéndose a vivir juntos o casándose, no hay mejor prueba de fuego que un Camino de Santiago largo. Si la superan está garantizado su futuro.

Así pues, no te esfuerces desesperadamente en convencer a alguien para que te acompañe salvo que ya está muy convencido, y tampoco a lanzar desesperados mensajes a través de las redes sociales indicando tus fechas. Es mucho más seguro que una vez en ruta te vayas juntando con las personas más afines a ti, y vas a comprobar, con sorpresa, que la mayoría de los peregrinos lo son.

Por supuesto que se puede hacer el camino en pareja, familia, con niños o un grupo de amigos, pero también es cierto que como mejor se disfruta de la experiencia es en solitario, porque es la receta para romper con las rutinas cotidianas de todo tipo, y también para abrirse a los demás, una parte fundamental de la experiencia.

Lo que de poco sirve en el Camino son los viajes organizados, esas excursiones agrupadas tras el banderín. Nada más lejos de la idea de un peregrino que el rebaño, donde te lo dan todo hecho, por mucho guía cualificado que te dirija y acompañe; esto no es más que turismo convencional de agencia trasladado al Camino, y a diferencia de otros destinos aquí esta modalidad no encaja: volverás sin haberte enterado prácticamente de nada.

¿CON MI MASCOTA?

Por supuesto que podrás hacer el camino con tu mascota, entendemos que será un perro, no pensamos en otra posibilidad. Sin embargo, ya te adelantamos que te va a complicar un poco la vida.

Para comenzar tendrás que tener su documentación en regla, deberá estar vacunado y con la cartilla actualizada, llevar puesta la correa y, en el caso de las especies consideradas peligrosas, un bozal, y también un collar anti garrapatas y pulgas. Aunque estarás habituado a salir con tu amigo a parques o al campo, en el Camino hay muchas poblaciones pequeñas con perros sueltos, y también zonas ganaderas o de caza, con animales igualmente sin atar y a veces agresivos.

Sin embargo, el principal problema será el alojamiento, pues la lista quedará mermada al tener que optar por los que admiten mascotas, y casi nunca en los dormitorios compartidos, sino tan solo en patios o jardines, donde a lo mejor los ladridos de extrañeza acaban molestando a la parroquia. Tampoco en otro tipo de alojamiento los admiten siempre, aunque se trate de habitaciones privadas, circunstancia que va a encarecer, sin duda, tu viaje.

Pese a lo expuesto, tu mascota se sentirá tan feliz o más que tú al poder acompañarte en una aventura de esta envergadura, y hasta podrás conseguir una credencial perruna al final. La Asociación Protectora de Animales en el Camino, y diversos blogs, te ofrecen más información específica, y nuestra guía todos los albergues que admiten perros.

ENTRENAMIENTO

De broma se podría decir que el entrenamiento se puede hacer antes, durante o después.

Si te has entrenado mínimamente antes de partir, mejor que mejor, nadie lo duda, sobre todo si no estás acostumbrado a caminar, y ablandar el calzado es más que necesario. También es bueno probar la mochila para saber si va bien ajustada, y calcular bien el peso que vas a llevar, para que la ruta no se convierta en un tormento.

Durante es lo más habitual, porque si no has tenido tiempo para entrenarte habrás de ir adaptándote al propio Camino, por lo que conviene que los primeros días planifiques etapas cortas, a un ritmo más lento, y cuando ya te vayas sintiendo más fuerte, y adquieras seguridad, alargues poco a poco la distancia.

Y después porque tras el palizón, aunque cuando se adquiere la forma uno suele estar eufórico, también es conveniente un poco de relajación muscular, como hacen los deportistas tras un esfuerzo intenso, no vaya a ser que te agarrotes por pasar de todo a nada. Además, seguro que no quieres perder la forma, porque el próximo Camino estará en el horizonte.

TELEFONÍA MÓVIL

Para peregrinaciones de hasta un mes de duración, en Europa ha dejado de funcionar, desde 2017, el cobro por itinerancia o roaming, por lo que pagarás por las llamadas lo mismo que con tu tarifa de telefonía habitual.

Si vienes de fuera de la UE, y para no soportar el encarecimiento de tarifa, sobre todo la descarga de datos, la mejor solución es que adquieras una tarjeta sim de prepago y recargable en España y/o Portugal. De este modo podrás usar internet de datos, y hacer llamadas en el país, por un precio aceptable (las de 5 GB y unos 30 min de llamadas cuesta sobre 25 €, otras ofrecen llamadas ilimitadas por 35-40 €).

La cuestión de las llamadas internacionales se está solventando últimamente con la utilización generalizada de Whatsapp, que permite hacer llamadas y videollamadas gratis en todo el mundo si tienes wifi. La navegación por internet también te la podrás ahorrar si recurres al wifi libre, servicio cada vez más extendido en alojamientos, cafés, bares, restaurantes, etc. En última instancia te queda la opción de acudir a las bibliotecas municipales o casas de la cultura, donde podrás usar libremente un ordenador conectado a una red wifi.

GUÍAS DE PAPEL

Es el viejo compañero del peregrino desde el nacimiento de la imprenta, con algunos autores que tuvieron una gran difusión en el pasado, como Herman Künig en el mundo alemán (siglos XV-XVI) o Domenico Laffi en el italiano (siglo XVII).

En el presente hay varias guías de prestigio, normalmente distribuidas por áreas idiomáticas, que prestan este servicio, y suelen ser actualizadas cada año o, lo más habitual, cada dos años. Si la actualización se demora, evidentemente pierden valor, sobre todo por la información práctica, que varía constantemente, aunque no tanto en la planificación de etapas.

La guía en papel, en la que podrás hacer anotaciones, será un buen recuerdo del Camino, porque ya se sabe que conservar los registros digitales exige de cierta atención a medio plazo.

Si quieres la guía más vendida en castellano, con ediciones anuales para el Camino Francés, y cada dos años para otros caminos, que se publica desde 2004, puedes recurrir a la nuestra de Anaya Touring, un buen complemento a esta web y, asimismo, un recuerdo de tu viaje para guardar con la credencial y la Compostela.

LAS APPS DEL CAMINO

Ofrecen una guía como las de papel, y su virtud es que no pesan, porque la cargas en tu móvil, y suelen incorporar los tracks, de mayor o menor calidad, del Camino que hayas elegido. Sin embargo, en el mundo de las empresas tecnológicas no suele haber muchas personas que recorran el Camino habitualmente para actualizar los datos y tengan un compromiso con la realidad de la peregrinación, por lo que conviene que analices bien el producto antes de descargarlo, ya que muchas apps están tanto o más desfasadas que las de papel.

Nuestra web ANDANTES, en formato de app para la consulta, ha suscrito un compromiso para no engañar a nadie: cada ficha informativa de un itinerario o servicio reseñado, incluirá la fecha de actualización. De este modo tendrás una garantía que la mayoría ocultan.

SEGURO MÉDICO

Si eres ciudadano de la Unión Europea puedes acceder a los servicios médicos públicos en España y Portugal (centros de salud, ambulatorios, urgencias, atención hospitalaria) si posees la Tarjeta Sanitaria Europea. No te olvides de solicitarla para que tenga vigencia mientras dura el viaje.

En el caso de que vengas de un país que no pertenece a la UE, conviene que te hagas con un seguro de viaje que cubra la asistencia sanitaria. Aunque lo más posible es que no te ocurra nada, y que para pequeñas lesiones o problemas es habitual que te atiendan sin solicitarte nada, conviene ser prevenido para evitar disgustos.

Las aseguradoras te propondrán diferentes opciones, de las más básicas a otras con más coberturas, pero lo importante es que abarquen una cantidad razonable de los posibles gastos médicos, de hospitalización o farmacéuticos ante una lesión, enfermedad o accidente, siendo también frecuente que incluyan traslados y compensaciones por cambios de viaje o anulaciones por esta causa.

Se puede contratar el seguro en tu país, antes de la partida, pero también a una empresa española que venda alguna póliza especializada para peregrinos, que suelen ser por períodos de una semana, medio mes o un mes completo. Las más económicas, con una cobertura de hasta 6.000 €, cuestan entre 10 y 25 € según la duración.

ADQUIRIR EL VIAJE

Si ya sabes en qué fechas vas a hacer el Camino, no te duermas y reserva tu viaje con antelación, sobre todo si tienes que volar, porque a medida que se aproxime la fecha el precio subirá. Algunos peregrinos dejan el regreso abierto (mas caro), temerosos de que no van a poder completar la ruta en los días que han calculado. Lo más habitual es que acabes sorprendiéndote y, salvo percances inesperados, vayas más rápido de lo que habías previsto, por lo que lo más probable es que te sobren algunos días al final para visitar Santiago, ir a Fisterra y Muxía si no lo habías contemplado e incluso desplazarte a otros puntos de Galicia.

PREPARAR EL EQUIPO

Estos consejos son solo para quien no ha salido nunca al campo a hacer senderismo, porque lo que se pueda decir para el Camino de Santiago en este aspecto es lo mismo que para cualquier otra ruta salvo algunas particularidades, y cada uno sabe mejor que nadie lo que necesita.

En nuestra opinión un lema, acuñado por el arquitecto Mies van der Rohe, debe presidir la preparación: “Menos es más”. Porque cuanto menos peso más confort, y cuanta más sencillez de partida menos complicación a posteriori.

Está a la orden del día que los peregrinos calculen mal el peso y, a la primera de cambio, se vean obligados a reorganizar su mochila y enviar algunos kg de vuelta al hogar (gasto importante si es correo internacional) o hasta la consigna de Correos en Santiago. Es por ello que vale la pena dedicar un poco de atención al asunto.

Una regla de andar por casa dice que no debes de sobrepasar el 10% de tu peso, o sea, que si pesas 60 km no más de 6 kg, y si pesas 80 no más de 8 km. En realidad tienen mucha más importancia la forma física y la costumbre.

Veamos, pues, cuales son las cosas imprescindibles (algunas básicas y muy importantes), aquellas que ya van en función del gusto o la capacidad de carga, y las que muchas veces se añaden, por si acaso, pero que en el Camino no se suelen echar de menos.

-Lo más importante: Mochila y Calzado.

En función de los días que vayas a caminar, podrías pensar en una mochila de 35 a 45 litros, desde luego suficiente. No tiene porque ser una virguería de marca, las hay muy aceptables a precios económicos, pero eso sí, pruébala antes y siéntete cómodo con ella, pues debe quedar bien adaptada anatómicamente a tu altura, constitución y peso. Hoy en día huelga decir que tenga un buen armazón, tiras y espaldar acolchados, buen ajuste a los riñones y sistema de transpiración, pues la mayoría ya cumplen con estos requisitos. También es muy importante que disponga de una funda impermeable extraíble, o de otro modo tendrás que comprarla aparte y tenerla siempre a mano. Nosotros otorgamos mucha importancia a la distribución de los bolsillos, porque ahí, y enganchadas en el exterior, deberás colocar las cosas que necesites con urgencia: chanclas, chubasquero, agua, comida, guía o libreta, protector solar, sombrero, etc.

La distribución del equipaje debe ser la siguiente: lo más pesado al fondo y pegado a la espalda, pero evitando los objetos duros o angulosos en esta zona, y todo más o menos ordenado en bolsas impermeables (mejor de plástico duro, que no hagan ruido al manipularlas, y con algún sistema de ventilación), separando calzado, ropa limpia y sucia, capa, toalla y elementos para el aseo, comida, etc.

En cuanto al calzado va a depender, sobre todo, del tipo de camino y la época del año. Las botas de caña alta son las clásicas de los montañeros, y sujetan bien el pie evitando torceduras del tobillo sobre firmes irregulares. También son las que mejor suelen soportar el agua o el barro. Sin embargo, si hace calor pueden recalentar en exceso los pies, y su rigidez las vuelve más incómodas. Las botas de caña media son una buena alternativa para el Camino, y actualmente son muy utilizadas. Piensa que sí te cansas de las botas y cambias a otro calzado sobre la marcha, cargarlas en la mochila constituirá un notable sobrepeso.

La alternativa a las botas son los zapatos y zapatillas de senderismo, de caña baja, que evitan rozaduras en el tobillo y suelen ser suficientes entre primavera y otoño. Su gran ventaja radica en la comodidad, ligereza y mejor transpiración, y las llamadas de aproximación integran algunos elementos de resistencia, estabilidad y protección propios de las botas. En caminos sin muchas complicaciones, que son la mayoría, son la opción perfecta.

Las deportivas convencionales, que aún vemos por el Camino, en absoluto están recomendadas, pues han sido diseñadas para un uso esporádico, muy diferente del intenso que se les va a dar en el Camino, o para otros deportes, y carecen de los refuerzos, agarre de suela y sistemas de transpiración para largas travesías.

En tramos con abundancia de asfalto u hormigón, o con rellenos de tierra pisada y en suma facilones, por ejemplo la mayoría de los gallegos, cada vez son más los peregrinos que optan por unas sandalias de trekking. El problema es que siempre alguna arena o piedrecilla se puede introducir entre la suela y el calcetín, lo que además de causar molestias, y más paradas de las debidas, aumenta el riesgo de tener ampollas. Nuestro consejo es que te lleves un par para alternar con las botas o zapatillas, en días de mucha carretera, y desde luego para pasear por pueblos y ciudades al final de cada etapa.

Te recomendamos que no ahorres en el calzado, y que busques calidad y buen ajuste al talón, siempre un número más de tu talla habitual (incluso uno y medio más) para prevenir la hinchazón del pie. Si vas a una tienda déjate asesorar por expertos.

Las suelas deben de tener una buena cámara de aire, y un buen diseño para el agarre como el de Vibram, aunque hay alternativas incluso mejores. Para la impermeabilización se suelen aplicar las membranas Gore tex o similares, porque si el pie se humedece ya tienes garantizadas las ampollas. Estas membranas permiten la transpiración, pero obviamente no al 100%, por lo que sí vas a caminar en una época poco lluviosa, su presencia tampoco es imprescindible. Observa la resistencia de puntera y talonera, las partes más débiles del pie. Y recuerda que el calzado hay que utilizarlo o domarlo antes de salir al Camino, al menos la distancia de tres o cuatro etapas, entre 60 y 100 km.

Para ir a las duchas, y caminar por el alojamiento, son asimismo necesarias unas chanclas o sandalias de goma, que nos protegerán de los hongos. A nosotros no nos parece buena idea usar también estas sandalias para los paseos posteriores, porque acabarán hechas una porquería y tus pies sucios.

Hay quien también utiliza para los albergues y paseos, por pesar muy poco, unas alpargatas de suela de esparto, típicas del País Vasco, muy sanas para los pies y más ecológicas, aunque sumar cuatro pares al calzado ya es pasarse de la raya, tu verás.

-Lo imprescindible y los complementos:

Vamos primeramente con una prenda a la que no se otorga excesiva importancia y que es crucial: los calcetines. Al igual que el calzado su elección dependerá de la estación. Aquí tampoco ahorréis y elegid, en la amplia oferta existente, buen material técnico y contrastado.

Por lo común los calcetines llevan más de una capa (dos o tres) con mezcla de materiales sintéticos (poliamida, poliéster, coolmax, licra, nylon, acrílico) y/o naturales (tencel, lana); para el invierno se añaden diferentes proporciones de lana merino, que es antibacteriana y más cálida. El algodón absorbe la humedad, por lo que no es aconsejable salvo para el tiempo de reposo y paseo.

Las costuras deben de ser planas para evitar rozaduras. También se deben comprobar los refuerzos de puntera y talón, con buena amortiguación en el segundo. Elegid calcetines de talla exacta para que no se formen pliegues, y que no aprieten en exceso en la parte alta de la pierna (defecto muy común). Huid de las recetas caseras de ponerse dos pares finos, uno encima de otro, porque acabaréis provocando rozaduras y, sobre todo, abrasando los pies. Lo importante es alejar el sudor de la piel para evitar las ampollas.

En cuanto a la ropa interior, bragas o calzoncillos, aunque el algodón evita las rozaduras absorbe el sudor, y la sintética, si no es apta para el deporte, tiene la propiedad inversa. Aquí el principal problema es, de nuevo, el que generan las rozaduras, sobre todo cuando hace calor y sudamos fuerte, siendo la parte más afectada la ingle. Para ello se deben evitar las costuras en resalte y buscar tejidos que transpiren bien, entre ellas las mallas ajustables de licra o los tejidos de poliéster, que además secan rápido al ser lavados. Los modelos seamless, adaptados al cuerpo por su proporción de elastano,cumplen estas condiciones y se pueden usar sin pantalones encima.

Ya que hablamos de pantalones, tal vez sea necesario llevar unos largos y otros cortos, para alternar en función del tiempo, o unos desmontables. Procura que tengan varios bolsillos, y que sean de un material de secado rápido. Para el alojamiento o la ciudad no es mala idea contar también con algún pantalón de chándal, medio o corto. La oferta es inmensa en este campo.

Otra parte esencial del atuendo son las camisetas, normalmente de poliéster u otro material sintético de rápido secado; hay quien prefiere una camisa de senderismo para proteger mejor el cuello y vestir un poco más. Si no quieres dormir con la misma camiseta de caminar, tendrás que pensar en llevar una aparte para la noche, y lo mismo cabe decir de la parte inferior.

Como prenda de abrigo llega una sudadera o jersey de trekking, más ligero o cálido en función de la temporada elegida, y otro para recambio mientras ventilamos o lavamos el primero. Si caminas en invierno necesitarás a mayores un forro polar.

Para la lluvia puede llegar un chubasquero o cortavientos en verano, pero lo más habitual es que se lleve una capa o poncho que permita cubrir también la mochila, de fibra hidrófuga y que no sea excesivamente pesado. Elige bien esta prenda porque algunas hacen sudar la gota gorda, y acabas empapado por dentro como si te hubiese caído un aguacero. También hay sobre pantalones impermeables que son ligeros y muy prácticos, así como polainas, que protegen únicamente las piernas y evitan que entre agua en la bota a través de los calcetines. Hay quien también lleva un paraguas plegable, los hay muy pequeños y ligeros, que puede ser práctico en días de lluvia persistente, o para las tormentas de verano en los paseos vespertinos.

En época de calor será tentador darse un baño en ríos, lagos, el mar o piscinas, por lo que no debe faltar el traje de baño.

Ya en la cabeza, será bueno contar con una pañoleta para proteger tanto el cuello de las quemaduras como la garganta del fresco. Una buena alternativa ligera son las bandanas, que no pesan nada y se lavan bien. Y por supuesto el sombrero, a poder ser de ala suficientemente ancha para protegernos del sol, al estilo de los peregrinos clásicos; nosotros los preferimos a las gorras con protector de cuello incorporado. En épocas muy frías, y si eres sensible, piensa en un gorro de lana con orejeras, o en llevar unas orejeras aparte, y en unos guantes.

Además de la ropa, otro elemento que incrementa el peso, pero hoy por hoy imprescindible, es el saco de dormir. Es cierto que cada día son más los albergues que ofrecen ropa de cama, y muchos ya incluyen sábanas desechables o de tela, con mantas o edredones, en el precio. Pero en los más sencillos tendrás que usar el saco.

Los materiales suelen ser sintéticos, y pueden incluir en el relleno pluma. Los sacos se clasifican por estaciones: de dos, los más ligeros, que realmente solo valen para el tiempo cálido; de tres, que son los más recomendables para primavera y otoño; y de cuatro, para temperaturas bajo cero, que carecen de sentido en el Camino. En función de lo anterior, en verano podría ser suficiente un saco de 500 gr, y en estaciones intermedias tendrás que prever la temperatura mínima a soportar (la referencia válida es la temperatura de confort que figura en el saco), aunque en los lugares fríos pondrán calefacción cuando sea necesario, por lo que en ningún caso debería pesar más de 1 kg. Nosotros preferimos, por comodidad, los modelos rectangulares frente a los de momia, que son más aptos para travesías de montaña. Por último, citar que en verano hay peregrinos que tan solo llevan una sábana de saco, y si tienen frío usan una manta de las disponibles; así se quita uno de encima mucho peso.

Nos parece útil, por pesar muy poco y librarnos de problemas de higiene, portar una funda de almohada de tela o material desechable. Para soportar los ronquidos de los dormitorios comunes, los tapones para los oídos, si los aguantas, resultan más que recomendables.

Hoy en día con el móvil, herramienta multifuncional, ya no son necesarios reloj, despertador, GPS, máquinas de fotos (salvo los virtuosos de la fotografía) ni linternas. Procura tener activada la geolocalización por si tuvieras algún problema. Lo que no está de más, aunque también el móvil pueda servir, es contar con una libreta con bolígrafo y/o lápiz para hacer anotaciones rápidas, no vaya a ser que se te descargue la batería. No olvidéis, desde luego, el cargador. Y si quieres un informador clásico, la guía en papel, de la que algunos van arrancando las etapas que ya han hecho (pocos gramos van a eliminar) será un buen recuerdo.

Llega el turno de los emblemas tradicionales del peregrino, entre ellos la concha de vieira que suele atarse o coserse a la mochila en un lugar visible; la calabaza, que prácticamente ha desaparecido a no ser de muy pequeño tamaño y carácter decorativo; y el bordón. Este último, que nos podemos agenciar si pasamos por algún bosque al inicio de ruta, o adquirirlo en una tienda con su regatón de hierro, sigue siendo muy útil, aunque algunos lo consideren aparatoso y pesado, ya que supera ligeramente la altura de la cabeza. Nos ayudará a bascular al cuerpo si se sabe usar bien, sirve de refuerzo en subidas y bajadas, evita resbalones, ahuyenta a los perros a una distancia prudencial, también a un posible asaltador de caminos, y hasta nos permite coger fruta de un árbol.

iCuídado con bordones y bastones, que los carga el diablo! No te ocurra como a Jean-Baptiste Lully, aquel músico de Versalles que marcaba con tanto ímpetu el ritmo con su bastón, que un día se atravesó el pie y acabó con gangrena. ¡Vade retro!

Los sustitutos del bordón son los bastones, que también pueden ser de madera, más robustos pero rígidos, y sobre todo los telescópicos de marcha, más fáciles de guardar y transportar, uno o dos (realmente dos para quien tenga mucha práctica en su uso y los sepa regular convenientemente, porque la tendencia a encorvarse cuando hay cuestas es mayor). Estos bastones pueden perjudicar el equilibrio natural y provocar molestias o lesiones en muñecas, codos y hombros, y constituyen un auténtico estorbo en los tramos asfaltados, que son abundantes, con sus punteras pensadas para el firme de tierra.

Dejamos para el final los elementos relacionados con la alimentación. Una pequeña cantimplora para el agua. Hay muchas fuentes y bares en la mayoría de caminos, pero no está de más, mejor metálica por higiene, o de plástico rígido. De un litro llega y sobra, y si un día hay una etapa por el desierto (es broma), compra botellines para completar. Si quieres llevar vino, como hacían los peregrinos del ayer en la calabaza, puedes recurrir a una artesanal bota de piel de cabra, que aún se fabrican en muchos lugares de España.

¡y esta bota que vas colgando del arzón de la silla, por si o por no, eres tan devota mía y te quiero tanto que te prodigo mil besos y mil abrazos, te elevo a las nubes con miedo que recojas el agua!… (El Quijote)

Una navaja como dios manda, aunque sea más práctica la multiusos dicha suiza, será una buena compañera del peregrino para todo uso, a la que se puede añadir un juego básico de cubiertos de viaje (cuchara, tenedor, cuchillo para untar), y como mucho un cazo de acero inoxidable para hacerse una infusión o calentar en cualquier sitio una sopa. Hay quien se lleva una mini-nevera de viaje o despensa portátil para mejor conservar alimentos que hayan sobrado del día anterior o para consumir en la etapa, función que puede suplir una pequeña bolsa térmica, pero en este ámbito no vale la pena cargar, sino ir consumiendo sobre la marcha. Eso sí, llévate una bolsa de la compra de tela resistente y no muy grande. En algunos hostel y albergues necesitarás un candado para poder usar las taquillas, y no siempre los alquilan.

En el campo del aseo y la limpieza, será necesario contar con un neceser para la ducha, y en él guardar lo que precisemos, siempre en formatos de viaje a reponer a lo largo de la ruta: gel-champú-jabón o todo en uno, pasta y cepillo de dientes, hilo dental, gel o espuma y maquinilla de afeitar, tampones y compresas, desodorante, pinzas de depilar, peine, cortaúñas, crema hidratante,… La toalla no debe de ser muy grande, siempre de microfibra, que absorba bien y seque rápido.

Para los insectos podremos necesitar un repelente, especialmente para mosquitos, y si quieres ser muy previsor también puedes cargar un espray anti-chinches. En cuanto al botiquín, aunque en farmacias de la ruta puedes conseguir lo que necesites, si eres muy previsor puedes llevar un analgésico, apósitos o aguja e hilo para ampollas, tijeras pequeñas, tiritas, esparadrapo de seda, gasas, vaselina, talco o cremas anti rozaduras, alcohol de romero, un desinfectante, un antihistamínico y algún método anticonceptivo. Quien esté medicado tendrá que acordarse de llevar sus dosis habituales.

Que no falten el protector solar, siendo buena idea tener un bote para rellenar, y un dispensador de menor tamaño siempre a mano, y los pañuelos de papel; para una urgencia en medio del campo, también un poco de papel wc. Hay quien no puede caminar al aire libre sin unas gafas de sol. Para días de escasa visibilidad, en que tengas que ir por carreteras, vete provisto de una cinta reflectante, a colocar en mochila.

Para lavar puedes necesitar un poco de gel, detergente en polvo o una pastilla de jabón Lagarto o similar, en lugares que no te lo proporcionen o vendan, aunque es posible utilizar el mismo del cuerpo. También es bueno llevar algunas mini-pinzas para colgar la ropa (no siempre hay), una cuerda para tender (caso de que falte, o cuando tengas que hacerlo en el dormitorio), y unos imperdibles, prácticos para enganchar en el exterior de la mochila la ropa que aún no ha secado el día anterior.

Fuera de la mochila conviene, en una riñonera, mochilita frontal, bolso en bandolera u otro sistema, cada uno según su gusto y hábito, llevar lo más necesario: documentación, tarjetas bancarias o de seguros, algo de dinero suelto, el móvil, acaso la libreta, algo para escribir, la cámara de fotos compacta. Para ocultar el dinero, si traes más cantidad, hay diversos sistemas como cinturones o riñoneras interiores. Y no te olvides de la credencial.

-Cosas que no se deberían de llevar.

La esterilla ya carece de sentido, pues a día de hoy ya no se suele dormir en el suelo, y si te ves obligado, por abarrote, a hacerlo en un polideportivo o alojamiento de emergencia, te proporcionarán colchonetas.

Nada de linternas ni de esas que se acoplan en la cabeza, tipo minero, porque caminar de noche es un completo despropósito.

Tampoco excesiva ropa, pensando en vestir de calle, y potingues de belleza. Algunos piensan que tras la caminata se vuelve cada tarde a la vida real, y hay que estar estupendos. Pero si planteas así el Camino deberías hacerlo, tal vez, en coche y a poder ser con chófer.

Lo de cargar utensilios para cocinar, en aras de una especie de autarquía, es para ganar la palma del martirio. Si llegas a un albergue que no los tenga, pues te comes una ensalada o un bocadillo, que por un día no te vas a morir. Hemos visto gente hasta con cocinas portátiles; sin comentarios.

Ya hemos indicado que carece de sentido cargar comida de reserva, por ejemplo la enlatada, porque no vas a caminar por la selva y podrás comprar a diario casi todo lo que necesites.

Otro tanto sobre la idea de portar un super botiquín, pensando en los mil peligros que te acechan, porque cuando sales de fin de semana a caminar por el campo o el monte seguro que no llevas nada de nada.

Piensa que cada dos o tres días tendrás que hacer la colada, un lavado ligero para quitar el sudor y al tendal, pero también que la mayoría de alojamientos disponen de lavadora y secadora, que podrás usar en días lluviosos de acuerdo con otros peregrinos para ahorrar. Por lo tanto, lo relacionado con el lavado tampoco debe preocuparte en exceso.

Dicho lo anterior tendríamos:

            -Una mochila de 35-40 litros.

            -Un par de botas, zapatos o zapatillas de trekking.

            -Un par de sandalias de trekking.

            -Unas chanclas de ducha.

            -Cuatro pares de calcetines.

            -Tres o cuatro recambios para la ropa interior (bragas, sujetadores, calzoncillos).

            -Pantalones desmontables (o uno largo y otro corto).

            -Pantalones de chándal o ligeros.

            -Tres o cuatro pares de camisetas y/o camisas.

            -Un juego de ropa para dormir.

            -Dos sudaderas y/o jerseys.

            -Un polar (solo si va a hacer frío).

            -Poncho o chubasquero.

            -Sobre pantalones impermeables y/o polainas.

            -Sombrero.

            -Bandana o pañoleta.

            -Traje de baño.

            -Saco de dormir, o sábana de saco en verano).

            -Funda de almohada.

            -Móvil (¿máquina de fotos?).

            -Bordón, bastón de madera o telescópico.

            -Concha curva de vieira.

            -Cantimplora.

            -Navaja, multiusos, juego de cubiertos, abrelatas…

            -Cazo de acero inoxidable.

            -Neceser con productos de aseo.

            -Toalla de microfibra.

            -Mini-botiquín.

            -Protector solar.

            -Vaselina o crema anti-rozaduras.

            -Pañuelos de papel, papel wc.

            -Mini-mochila, bolso o riñonera.

            -Credencial, documentación, tarjetas, dinero.

Pues bien, vete ahora a la báscula y si tu mochila pesa entre 6 y 8 kg estás en el buen Camino, pero si se acerca a los 10 kg o los supera, salvo que seas una persona atlética y habituada a cargar, o que vayas a caminar en pleno invierno, en que será frecuente aumentar el peso en 2 kg, deberías de soltar lastre.